Orígenes de la Rosacruz
La palabra rosacruz comenzó a utilizarse por escrito a inicios del siglo XVII, con la Creación de la Fraternidad que adoptó este nombre y la aparición de la figura de un enigmático fundador –Cristián Rosacruz– en los Manifiestos Rosacruces: La Fama Fraternitatis, la Confessio Fraternitatis y Las Bodas Alquímicas de Cristián Rosacruz.
La noción, la idea, el signo y la palabra Rosacruz nacen vinculadas a esta figura que, fundamentalmente, representa y simboliza una línea de trabajo interior espiritual en la que se unifica el significado de la rosa y de la cruz.
Al respecto, para la Escuela de la Rosacruz Áurea, la existencia -o no- de la personalidad histórica concreta de Cristián Rosacruz es irrelevante, ya que lo esencial de esta figura es su contribución como modelo iniciático occidental que aporta una estructura anímica mágica y renovadora que da sentido a este nombre. Aunque las características de este arquetipo son propias de la Europa de aquellos años, su contenido esencial es totalmente atemporal.
La rosa y la cruz fueron los emblemas escogidos para representar la vía espiritual que comenzó su trabajo en el seno del Círculo de Tubinga, Alemania, entre 1605 y 1607. Esta Sociedad estuvo formada por un grupo reducido de hombres cuya aspiración fue la de revitalizar del trabajo liberador del alma humana que busca alcanzar su máxima realización, el encuentro con el Espíritu.
La Rosacruz clásica nació en un contexto histórico en el que se hacía necesaria una renovación de los fundamentos y valores sobre los que se estaba construyendo la vida del ser humano. Ciencia, Arte y Religión estaban abocadas totalmente a mantenerse sobre intereses de poder, riqueza, brillo personal, de satisfacciones mundanas y efímeras.
El Circulo de Tubinga reaccionó ante tal deterioro de valores, expresando claramente la necesidad de que se produjera una reforma social, cultural, científica, filosófica y religiosa sobre la base de una transformación individual. Actualmente, esta idea se comprende cada vez mejor y se afianza progresivamente en la consciencia de la humanidad como la única vía posible de cambio real para la vida en el planeta.
Un acontecimiento muy especial coincidió con el nacimiento de la Rosacruz clásica: en 1604 se produjo la aparición de una supernova entre las constelaciones de Serpentario y de Cisne que se mantuvo durante muchos meses visible en el cielo nocturno. Este hecho fue interpretado por los miembros del Círculo en su sentido simbólico, representando el inicio de una nueva era para la humanidad que implicaría un cambio en la consciencia humana, abriendose la posibilidad de conectar con tres capacidades aún nuevas para la humanidad: el Amor, la Sabiduría y la Acción Trasformadora, las cuales, posteriormente, encontrarían su analogía, también simbólica, con el descubrimiento de los tres planetas de Misterios: Urano, Neptuno y Plutón.
La Fraternidad Rosacruz surgió con este propósito de recordar y trabajar en la tarea inacabada que tiene el ser humano de emprender su propia transformación para construirse, completarse a sí mismo, consumando el proyecto de divinización que late en él, aprovechando el impulso de esta etapa que se iniciaba.
Lo que aquellos hombres del XVII vislumbraron lo expresaron del siguiente modo en El testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz 1616 , cap.VII
“Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agigantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento haya sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente”.
La herencia filosófica que asumió la Fraternidad Rosacruz fue la tradición hermética proveniente de la corriente humanista del Renacimiento, la cual había impulsado enormemente el cambio y la apertura del ser humano hacia su dimensión trascendente, hacia una experiencia de verdadera espiritualidad sin intermediarios entre el ser humano y Dios.
En esencia, la filosofía hermética revela la analogía entre el ser humano, el cosmos y Dios, lo que se encuentra reflejado en la Tabula Smaragdina del siguiente modo:
“Como arriba, así es abajo y como abajo, así es arriba Para que se cumplan los milagros del único”.
El espíritu de la Rosacruz ha influido y se ha expresado en infinidad de personas y en distintos grupos que han buscado llegar a la esencia del trabajo alquímico que este nombre propone. Durante los s.XVIII y XIX nacieron distintas órdenes rosacruces en Europa y EEUU.
Ya en el siglo XX, en 1909, Max Heindel, formado esotéricamente en la Sociedad Teosófica fundada por Helena.P. Blavatsky, instaura en EEUU la Fraternidad Rosacruz .
En los años 20, Agatha van Waredorp creó un Centro de estudios de esta Fraternidad en Amsterdam y, en 1924, los hermanos Jan y Wim Leene se inscribieron en ella, pasando a dirigir la editorial y la librería anexa en el año 25. El grupo de trabajo creció rápidamente y Hennie Stok-Huizer se unió a los hermanos Leene para dirigirlo.
Con la muerte de Max Heindel, en 1919, se había producido una progresiva disgregación del movimiento Rosacruz, de manera que el Centro de Amstredam se hizo autónomo en 1931 y tomó su propio rumbo de trabajo. En 1935 el nombre de Sociedad Rosacruz obtuvo validez legal con la estructura jurídica de una entidad religiosa y en 1945 el movimiento recibió su nombre definitivo:
El Lectorium Rosicrucianum, Escuela Espiritual de la Rosacruz Áurea. En su declaración de principios se expresa:
“La Comunidad religiosa del Lectorium Rosicrucianum tiene como objetivo restablecer y revivificar el triple templo original que existía desde el génesis de los tiempos y se manifestaba al servicio de toda la humanidad. Este templo triple aportaba al ser humano la religión original y sacerdotal, la ciencia original y el arte de la construcción original”



